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Mostrando las entradas de junio, 2026

Pudor

Pudor No es jugar con palabras escribir estos versos,  aunque el fruto sea solo un pálido bosquejo, de lo que busco y solo a veces encuentro,  en el corazón de un mundo que es ancho y ajeno.  No es un espejo de mi pobre sentimiento,  que poco a poco va disminuyendo,  para que brillen las cosas y las personas,  y los lazos que entre ellas, dulcemente se forman.  Es el poema el lugar misterioso, en el que el yo lentamente disminuye, y se abre al tú, y también al nosotros, a la empresa común de buscar esa cumbre, un blanco sereno, un frescor del alma, el soplo de un espíritu aleteante, que a la verdad nos lleva fiel y constante.  Lugar de silencio, de austera paciencia,  de palabras que humildes a Dios adoran,  aunque solo sus pasos lejanos presientan,  aunque sordas sus caricias ya no sientan,  y su amor imperfectas, disonantes, canten, completando, sin saberlo, la creadora gesta. 

Pedro y Pablo

Pedro y Pablo En Antioquía Pablo le recordó a la Piedra que era piedra y no movediza arena, que no podía cojear con las dos piernas ni agradar al Señor y a los judaizantes. Arriesgaba un nuevo exilio en Tarso, precio a pagar por la paz de las iglesias. Recordó a Esteban y también al Bautista, a los cristianos que él mismo persiguiera y la voz del Señor camino de Damasco. Siglos después, en la Capilla Paulina, no muy lejos del lugar de su martirio, en un fresco la Piedra crucificada fija los ojos de pescador en Pablo, el hermano, caído del caballo,  cual hombre viejo que muere, para que nazca el nuevo, cristificado*.  *Este poema está inspirado en una reflexión de Benedicto XVI sobre los frescos de Miguel Ángel en la Capilla paulina. Aquí les comparto el link a la reflexión y más abajo también la imagen de Pablo, hacia la cual Pedro dirige la mirada crucificado: 

Baobabs

Baobabs Preocupado estabas por ese trabajo simple y sin brillo de arrancar raíces, aquellas que poco a poco del trigo se distinguen revelando su esencia de fiera cizaña. No es tu talante el del moralista pero insistías en este asunto por la urgencia, por recordar a aquel hombre que perdió su planeta al ser devorado por enormes baobabs. Dejó pasar el tiempo, descuidó aquel trabajo que solo él podía llevar a cabo, aburrido y fácil, que por sí solo es nada pero que, de faltar, nada conservarse puede. Cada uno debe cuidar su propio planeta, ese terreno que le ha sido confiado en una esquina del universo para ver la puesta del sol —remedio a toda tristeza— cuantas veces necesario sea, para tener adonde volver después de visitar, inquieto, la tierra lejana de otros planetas.

Mercenarios

MERCENARIOS En tiempos de Jesús, los fariseos se habían sentado en la cátedra que antes ocupara Moisés. Ponían sobre los hombros del pobre pesados fardos que ellos mismos no estaban dispuestos a cargar. Eran mercenarios, no pastores, que abandonaban al rebaño con tal de salvar el propio pellejo del ataque del lobo, siempre al acecho... Eso cuando no eran ellos mismos el lobo disfrazado de cordero. El pastor verdadero conoce a sus ovejas y ellas reconocen su voz; no huye ante el ataque del lobo y entra siempre por la puerta para confortar al pobre redil. Si alguna vez te ofrecen ser pastor, piénsalo bien y pregúntate a ti mismo si estás dispuesto a dar la vida, si a la Iglesia de Cristo quieres desposar o solamente, cual mercenario, despojar. * Los simoníacos, de Salvar Dalí, inspirado en el Canto XIX del Infierno de la Divina Comedia de Dante. 

Partida

Partida Luego de que Elías sobre los hombros, mientras pasaba, le pusiera el manto, comprendió Eliseo que todo dejaría: para ser profeta, sus padres y tierras. Pidió solamente despedirse con un beso de los suyos, a quienes ya no volvería, y luego dos bueyes mandó asar y al pueblo ofreció un frugal banquete. Eliseo, el hijo bueno y responsable que con sus propias manos la tierra araba y a quien los funcionarios respetaban, se fue porque el mismo Dios lo llamaba para seguir a Elías, su único profeta. Y aunque llora el corazón su partida, el rostro se endurece como la piedra y la oración arrecia, confiada en que el Cielo no olvida una tierra que cría profetas. Y el dolor de la ausencia dará sus frutos, no solo en los sitios a los que vaya, sino en el surco solitario y en la noche austera que antes llenara con su presencia. * “Picking up the Mantle,” 16 x 20, Acrylic on Canvas, by artist Matt Philleo. Mais informações neste enlace

Capilla

Capilla En San Luis de los Franceses hay una capilla que solía visitar en mis paseos por Roma, con tres grandes pinturas de Caravaggio retratando la saga del santo publicano: A la izquierda, el resplandor del llamado de una luz que es el mismo Cristo, que ilumina el rostro de Mateo y de un dedo que lo señala preciso: «Ven y sígueme». Al centro, la redacción del Evangelio, que nos ha dejado tantos hechos y palabras del Divino Maestro; Finalmente, a la derecha, el martirio, el destino de los que todo lo dejaron para recibir el ciento por uno, para ser conformados al Cristo que tanto amaron y hasta el fin siguieron. Luego de un rato salgo del templo imaginando mi personal capilla: la sorpresa por esa cálida luz vespertina que un día mi rostro también iluminó; el Evangelio que aún a tientas escribo, esperando un día, también como Mateo, completar la carrera y alcanzar la meta del abrazo eterno con Cristo amigo.