MERCENARIOS
En tiempos de Jesús, los fariseos
se habían sentado en la cátedra
que antes ocupara Moisés.
Ponían sobre los hombros del pobre
pesados fardos que ellos mismos
no estaban dispuestos a cargar.
Eran mercenarios, no pastores,
que abandonaban al rebaño
con tal de salvar el propio pellejo
del ataque del lobo, siempre al acecho...
Eso cuando no eran ellos mismos el lobo
disfrazado de cordero.
El pastor verdadero conoce a sus ovejas
y ellas reconocen su voz;
no huye ante el ataque del lobo
y entra siempre por la puerta
para confortar al pobre redil.
Si alguna vez te ofrecen ser pastor,
piénsalo bien y pregúntate a ti mismo
si estás dispuesto a dar la vida,
si a la Iglesia de Cristo quieres desposar
o solamente, cual mercenario, despojar.
* Los simoníacos, de Salvar Dalí, inspirado en el Canto XIX del Infierno de la Divina Comedia de Dante.

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