Espera Espero con ansia el día de la ira en que Elías subirá el Monte Carmelo y se burlará de los falsos profetas que al pueblo engañaban con vanos rituales. De manos atadas espero ese día en que la pura oración escondida podrá rasgar el viento, nítida y ágil, y encontrar un eco en los corazones. Con los labios secos y la lengua pegada al paladar, espero ese día, agazapado, haciendo el bien que puedo, escondido de los violentos. Hubo un tiempo en que blandí la espada, en que marché dispuesto a dar mi vida sin los cálculos mezquinos del veterano, sin las heridas amargas de la derrota. Pero hace tiempo guardé la espada y preferí esta vida a sacrificarla, los cálculos y el lamerme las heridas. Pero sé que en mi corazón aún resiste una llama, una pequeña brasa de esperanza, un recuerdo del juicio y de las hazañas de un profeta que expulsa, al fin y para siempre, la idolatría.
Este Blog quiere hacer eco al llamado del Apóstol a una reconciliación con Dios (Ver 2Cor 5,10). A partir de mi testimonio personal, mi idea es compartir con ustedes, de manera muy libre, semillas de esa reconciliación (y de la nostalgia que tenemos de ella), en la experiencia humana, iluminada por la Fe: en las Sagradas Escrituras, en el Magisterio de la Iglesia, en la literatura, en el arte, en la cultura, en nuestras relaciones con los demás.