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Mostrando las entradas de mayo, 2026

Espera

Espera Espero con ansia el día de la ira en que Elías subirá el Monte Carmelo y se burlará de los falsos profetas que al pueblo engañaban con vanos rituales. De manos atadas espero ese día en que la pura oración escondida podrá rasgar el viento, nítida y ágil, y encontrar un eco en los corazones. Con los labios secos y la lengua pegada al paladar, espero ese día, agazapado, haciendo el bien que puedo, escondido de los violentos. Hubo un tiempo en que blandí la espada, en que marché dispuesto a dar mi vida sin los cálculos mezquinos del veterano, sin las heridas amargas de la derrota. Pero hace tiempo guardé la espada y preferí esta vida a sacrificarla, los cálculos y el lamerme las heridas. Pero sé que en mi corazón aún resiste una llama, una pequeña brasa de esperanza, un recuerdo del juicio y de las hazañas de un profeta que expulsa, al fin y para siempre, la idolatría.

Hineni

Hineni Aquí estoy, una vez más he obedecido  y he venido con estos mis huesos húmeros a esta cita que tu Espíritu ha querido, con los tuyos y el cenáculo vencido. Aquí estoy, mi regazo no se ha negado, pues el amor no se arredra ante los números: muchos... pocos... acepto los que me has dado; ya en la Cruz, dolorosa, los he arropado. Y esa sombra que una vez más me ha cubierto, fresca, dulce, amable, pacífica y cálida... Recuerda el día en que mis puertas he abierto a ti, mi Luz, Vía y Verbo descubierto. Lenguas de fuego a tus siervos no han quemado; han cambiado a los que antes, pusilánimes, hoy, intrépidos, tu nombre han anunciado en toda lengua del mundo ya habitado.

Chaypi

Chaypi Aquí en el desierto has querido quedarte con tus hijos, en la aridez de espinas y piedras. Aquí de nuevo tu Fiat se repite como un arrullo suave y potente que baña de rocío las montañas rebeldes. Madre santa, no abandonas a tus hijos, sobre todo cuando parecen perder el rumbo en parajes que nunca soñaron transitar. Los conduces con ternura infinita y hasta los cactus espinosos por tu amor florecen, dando en mayo dulces frutos: tunas y sancayos . Una vez más aquí, también con temblor, he pronunciado mi titubeante sí que a Dios presentas como Rebeca, que al pequeño Jacob hizo pasar por el fuerte Esaú, obteniéndome la gracia de una nueva humanidad en Cristo, la flor más bella que esta tierra agreste de tu seno inmaculado hizo el Padre nacer.