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Mostrando las entradas de marzo, 2026

Sentimiento del fin

Sentimiento del fin El sentimiento del fin estaba en el ambiente cuando a Felipe acudieron unos extranjeros, queriendo ver a un Jesús decidido y turbado, después de haber sido ungido en Betania con trescientos gramos de perfume de nardo ante la mirada escrutadora de Judas y de los judíos que veían en Él y en el buen Lázaro un peligro. Recordó entonces Jesús el grano de trigo que todo adulto está llamado a ser... Ese grano que desaparece en la tierra hambrienta para dar lugar a un lozano arbusto, al otro, al más joven, dejándolo respirar y crecer. El sentimiento del fin se podía oler como la tierra húmeda que anuncia la lluvia, que trae nueva vida y a veces destrucción... El Hijo del hombre sobre un burrito no se deja engañar por los hosannas que en «crucifícalo» pronto se transformarán. Sabe lo que hay en el corazón del hombre. Pide apenas al Padre una cosa: no el ser librado de esta hora, sino que sea glorificado su nombre una vez más. Y la respuesta llega pronto en la forma de un tru...

Lázaro

Lázaro El que amo está enfermo  y en breve se adormecerá;  será puesto en un sepulcro  del cual solo Yo puedo sacarlo. Su enfermedad no es mortal,  pues la gloria de Dios  en ella se manifestará. El que amo me ha olvidado  y se ha olvidado a sí mismo  como una cosa en medio de cosas. Pero pronto iré a recordarle  que tiene un Padre en el Cielo  que lo cobija a cada instante;  que los hombres son hermanos  y la vida un llamado al don ,  a entrar en la irradiación  del amor eterno del Padre.
Samaritana Es curioso cómo en nuestro encuentro lo primero que hiciste fue recordarme mi sed. ¡Dios mío, qué sedienta estaba y no lo sabía! Mientras llevaba el cántaro vacío bajo el sol del mediodía, la búsqueda del agua era una mera rutina y la soledad, mala consejera para perderme en mil disquisiciones sobre asuntos banales que en nada me adelantaban. Me sorprendió que me hablaras, a mí que soy samaritana, siendo tú un judío, y que lo hicieras al lado de un pozo, como cortejando mi desvencijada alma. Mi insolencia era solo una máscara que pronto hiciste que cayera en mil pedazos al mostrar tus credenciales de profeta. ¿Es tan fácil percibir que estoy perdida, que ya no sé a quién pertenezco? ¿O en verdad eres quien dices ser, no solo un profeta, sino el Mesías que mi corazón espera?

Cegos

Este poema é um mergulho no mistério da visão que nasce da entrega. Inspirado no relato bíblico do cego de Siloé, ele percorre o caminho de quem, ao tocar o barro e a água, descobre que a luz da verdade exige uma escolha radical. É o canto de uma alma que prefere o risco do novo olhar à segurança das velhas sombras, culminando no encontro pessoal e definitivo com Aquele que é a própria Luz. Cegos E agora que mais uma porta se fecha, decidiste vir ao meu encontro. Agora que os chefes me expulsaram — os cegos que dizem ver, ainda culpados. Não quis salvar a pele, preferi a verdade: dizer que foste Tu a curar-me e que só alguém vindo de Deus, um profeta, é capaz de tal feito. Buscavam que trocasse a minha história, que negasse o dom recebido para manter a ordem, agradar a plateia. A Luz preferi, manter a vista que ganhei na piscina do Enviado quando lavei o barro que gentilmente puseste nos meus olhos. E agora que finalmente te vejo, Jesus, o profeta, o Senhor, a mim te revelas como o Fil...

Piedra sobre piedra

A menudo confundimos la solidez con la eternidad, olvidando que toda edificación que nace del solo orgullo humano está condenada a su propio peso. En estos versos, la voz de la Verdad nos interpela para recordarnos que el único fundamento capaz de resistir el tiempo no se halla en el mármol de nuestros templos, sino en la humildad de un grano que muere para dar vida. Piedra sobre piedra No quedará piedra sobre piedra de toda esa edificación que os encanta. Como la Torre de Babel, toda obra humana se desplomará si es que no soy Yo el fundamento. No os entenderéis: cada uno hablará su lengua y tendrá sus ideas, cerradas e impenetrables; cada uno solitario profeta, dueño de su verdad, ciego en busca de otros ciegos que, si lo siguen, llevará a un oscuro hueco: la tumba. Hay solo una salida: construir desde la Fe, desde el pequeño grano de mostaza del que tanto os he hablado. Olvidaos del Templo y sus piedras preciosas, sus columnas de mármol y salones dorados. Debéis comenzar por el grano...

Sin cera

Sin cera Hoy al Padre Bueno pedí ser sin cera  y estar atento a la mala levadura  de los escribas, seductores del alma,  como la viuda fiel en la prueba dura. Como esa anciana, no donar lo que sobra  sino la vida, la sangre que perdura;  no en angustia, sino en cristalina calma,  en paz y alegría, en gozo y ternura. Hoy al Padre Bueno pedí ser sin cera,  sin falsos requiebres ni amarga dulzura,  donar lo que soy sin añadir un codo  al valor de mi vida, a mi real estatura. *  Marcos 12,41-44 y Lucas 21, 1-4

Dos hermanas: un recuerdo que hoy me sorprendió y se volvió poema

A veces, la memoria elige rescatar pequeños fragmentos de luz en medio de la neblina. Este poema nace de un recuerdo de infancia: dos hermanos, de apenas cinco y seis años, convertidos en polluelos que intentan no perder el equilibrio en un bus limeño siempre lleno. Es un homenaje a esos gestos espontáneos —una sonrisa, unas pecas, un lugar cedido— que nos salvaron del frío mucho antes de que supiéramos lo que era la gratitud. Dos hermanas Como dos polluelos abandonados al frío invierno, hacíamos el viaje de pie, pues el bus iba siempre lleno, y nuestra madre, aunque apurada, llegaba siempre más tarde que el resto. Nos salvaron de ese impase las dos hermanas, a quienes nuestra madre pidió que nos cuidaran, como si fuéramos sus hermanitos más pequeños... ...Y ellas lo hicieron con sus ojos claros, con sus pecas y su sonrisa que todo iluminaba. No es un gran drama el de esos dos polluelos, es una historia como tantas, que luego se olvidan, como en los márgenes de la gran historia. Y sin ...