A menudo confundimos la solidez con la eternidad, olvidando que toda edificación que nace del solo orgullo humano está condenada a su propio peso. En estos versos, la voz de la Verdad nos interpela para recordarnos que el único fundamento capaz de resistir el tiempo no se halla en el mármol de nuestros templos, sino en la humildad de un grano que muere para dar vida.
Piedra sobre piedra
No quedará piedra sobre piedra
de toda esa edificación que os encanta.
Como la Torre de Babel, toda obra humana
se desplomará si es que no soy Yo el fundamento.
No os entenderéis: cada uno hablará su lengua
y tendrá sus ideas, cerradas e impenetrables;
cada uno solitario profeta, dueño de su verdad,
ciego en busca de otros ciegos
que, si lo siguen, llevará a un oscuro hueco:
la tumba.
Hay solo una salida: construir desde la Fe,
desde el pequeño grano de mostaza
del que tanto os he hablado.
Olvidaos del Templo y sus piedras preciosas,
sus columnas de mármol y salones dorados.
Debéis comenzar por el grano
y cargar conmigo la Cruz…
Es el único Camino.

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