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Emaús

Emaús Por el camino discurríamos la gran derrota y mi desolación y la tuya se alimentaban la una de la otra, circularmente, sin fin. Atrás quedaba Jerusalén y el calor de la comunidad condenada a disolverse, a perecer. Atrás quedaban tantos sueños y las lecciones del más dulce Maestro que ya no existe más. Todo indicaba que era el Mesías: sus milagros, sus palabras y la esperanza que como nadie sabía infundirnos. Tan absortos estábamos en nuestra triste letanía que nos sorprendió la pregunta de un tercer peregrino, unido a nuestro paso con andar firme y sereno: —¿De qué hablabais? Nos desahogamos entonces con quien, paciente en la escucha primero, fue luego duro y tajante en la reprensión. Nos reprochó la esclerosis de nuestro corazón y el olvido de las Escrituras y las profecías que anuncian la pasión y la muerte como una etapa de la misión. Su explicación nos dejó pensativos y cuando al llegar a Emaús parecía seguir de largo, lo invitamos a quedarse con nosotros para cenar y seguir c...
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Via Lucis

Via Lucis ¿Recuerdas lo que nos dijo aquella tarde  antes de que el Vía Crucis comenzara?  ¿Recuerdas que nos dijo: «No se turben...  pues volveré por ustedes,  órfanos no se quedarán»? Después de la cena y de lavarnos los pies,  después de que Judas le abrió las puertas al Maligno.  Lo recuerdo ahora que el Vía Lucis ha comenzado;  que lentamente la Pascua todo lo va cambiando  y que este mundo se va llenando  de esos espacios en su Corazón glorificado. Anhelo, hermano, esa morada,  ese lugar en la Casa del Padre preparado.  A veces, en sueños, logro entreverlo  y piso a tientas, como un niño, sus umbrales.

Pascua

Pascua El más bello encuentro imaginable  sobre la faz de la tierra desolada  se produjo el séptimo día,  hoy en el primero transformado. Se produjo entre el Cristo y su Madre  en la mañana aún naciente de la Pascua,  cuando los primeros pájaros cantaban  y un suave rocío la tierra acariciaba. La fe más bella fue con la gloria premiada  y al corazón más puro la gracia besaba,  cuando María vio a su retoño fresco y sonriente  entrar por la puerta entreabierta de la casa. «¿No te dije que todas las cosas renovaba  y que solo por poco tiempo no me verías?». Mujer y Madre, ahora ponte en camino,  pues nacerá de tu seno una santa estirpe  cuando el Espíritu de nuevo con su sombra te cubra  y acunes en el regazo a la amada Esposa. *  "Cristo resucitado aparece a su Madre" , obra de Juan de Flandes (siglo XV).

Lavatorio

Lavatorio Dulce Jesús, ¿Tú me lavas a mí los pies?  ¿A mí, rudo y terco pescador,  que nada ha entendido de tus modos,  de la humilde alegría, del camino de la Cruz? El espíritu está dispuesto pero la carne es débil,  y aún me comparo a mis hermanos,  a los que el Padre te dio y me llamas a servir. Aún compito buscando glorias humanas,  cosechar trofeos que ofrecerte  como un gladiador que lucha por su vida  buscando mostrar su valor. Pero si esta es la condición para ser tu amigo, lávame los pies y también la cabeza.  Si solo los pies son necesarios, que así sea. Dices que te vas y que no podré seguirte.  ¿Por qué, Señor?  Yo te seguiría hasta la muerte,  aunque presiento —más allá del impulso  y con sincero dolor—  que esta es solo tu hora y no la mía.

Sentimiento del fin

Sentimiento del fin El sentimiento del fin estaba en el ambiente cuando a Felipe acudieron unos extranjeros, queriendo ver a un Jesús decidido y turbado, después de haber sido ungido en Betania con trescientos gramos de perfume de nardo ante la mirada escrutadora de Judas y de los judíos que veían en Él y en el buen Lázaro un peligro. Recordó entonces Jesús el grano de trigo que todo adulto está llamado a ser... Ese grano que desaparece en la tierra hambrienta para dar lugar a un lozano arbusto, al otro, al más joven, dejándolo respirar y crecer. El sentimiento del fin se podía oler como la tierra húmeda que anuncia la lluvia, que trae nueva vida y a veces destrucción... El Hijo del hombre sobre un burrito no se deja engañar por los hosannas que en «crucifícalo» pronto se transformarán. Sabe lo que hay en el corazón del hombre. Pide apenas al Padre una cosa: no el ser librado de esta hora, sino que sea glorificado su nombre una vez más. Y la respuesta llega pronto en la forma de un tru...

Lázaro

Lázaro El que amo está enfermo  y en breve se adormecerá;  será puesto en un sepulcro  del cual solo Yo puedo sacarlo. Su enfermedad no es mortal,  pues la gloria de Dios  en ella se manifestará. El que amo me ha olvidado  y se ha olvidado a sí mismo  como una cosa en medio de cosas. Pero pronto iré a recordarle  que tiene un Padre en el Cielo  que lo cobija a cada instante;  que los hombres son hermanos  y la vida un llamado al don ,  a entrar en la irradiación  del amor eterno del Padre.
Samaritana Es curioso cómo en nuestro encuentro lo primero que hiciste fue recordarme mi sed. ¡Dios mío, qué sedienta estaba y no lo sabía! Mientras llevaba el cántaro vacío bajo el sol del mediodía, la búsqueda del agua era una mera rutina y la soledad, mala consejera para perderme en mil disquisiciones sobre asuntos banales que en nada me adelantaban. Me sorprendió que me hablaras, a mí que soy samaritana, siendo tú un judío, y que lo hicieras al lado de un pozo, como cortejando mi desvencijada alma. Mi insolencia era solo una máscara que pronto hiciste que cayera en mil pedazos al mostrar tus credenciales de profeta. ¿Es tan fácil percibir que estoy perdida, que ya no sé a quién pertenezco? ¿O en verdad eres quien dices ser, no solo un profeta, sino el Mesías que mi corazón espera?