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Sentimiento del fin



Sentimiento del fin


El sentimiento del fin estaba en el ambiente

cuando a Felipe acudieron unos extranjeros,

queriendo ver a un Jesús decidido y turbado,

después de haber sido ungido en Betania

con trescientos gramos de perfume de nardo

ante la mirada escrutadora de Judas

y de los judíos que veían en Él

y en el buen Lázaro un peligro.


Recordó entonces Jesús el grano de trigo

que todo adulto está llamado a ser...

Ese grano que desaparece en la tierra hambrienta

para dar lugar a un lozano arbusto,

al otro, al más joven,

dejándolo respirar y crecer.


El sentimiento del fin se podía oler

como la tierra húmeda que anuncia la lluvia,

que trae nueva vida y a veces destrucción...

El Hijo del hombre sobre un burrito

no se deja engañar por los hosannas

que en «crucifícalo» pronto se transformarán.


Sabe lo que hay en el corazón del hombre.

Pide apenas al Padre una cosa:

no el ser librado de esta hora,

sino que sea glorificado su nombre una vez más.

Y la respuesta llega pronto en la forma de un trueno,

no para Él sino para los que aún caminan a oscuras

por no acoger la Luz que diáfana brilla ante sus ojos.


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