Ir al contenido principal


Samaritana


Es curioso cómo en nuestro encuentro

lo primero que hiciste fue recordarme mi sed.

¡Dios mío, qué sedienta estaba y no lo sabía!

Mientras llevaba el cántaro vacío

bajo el sol del mediodía,

la búsqueda del agua era una mera rutina

y la soledad, mala consejera

para perderme en mil disquisiciones

sobre asuntos banales que en nada me adelantaban.


Me sorprendió que me hablaras,

a mí que soy samaritana, siendo tú un judío,

y que lo hicieras al lado de un pozo,

como cortejando mi desvencijada alma.

Mi insolencia era solo una máscara

que pronto hiciste que cayera en mil pedazos

al mostrar tus credenciales de profeta.


¿Es tan fácil percibir que estoy perdida,

que ya no sé a quién pertenezco?

¿O en verdad eres quien dices ser, no solo un profeta,

sino el Mesías que mi corazón espera?


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Diario de un misionero: misión en Maués

Una invitación inesperada Hace unos meses un amigo me invitó a participar en un viaje de misiones en la Amazonía brasileña, junto con un grupo de casi treinta jóvenes, entre americanos y brasileños. El destino era la ciudad de Maués, en concreto varias comunidades urbanas y rurales, pertenecientes a las Parroquias de Nossa Senhora da Assunção y São Pedro, de la Diócesis de Parintins.  Luego de pensarlo algunos días, acepté la invitación de mi amigo, y recién ayer estoy de vuelta en casa, después de quince días en una región de Brasil que desconocía, y que me ha encantado, no solo por su belleza natural, sino sobretodo por la acogida y calor humano de sus habitantes. Tanto en las actividades de formación organizadas en las comunidades, como en las visitas a las casas, en el comparetir con simplicidad nuestra Fe y en los juegos con los niños y jóvenes, he podido sentir en carne propia esa acogida y ese calor.  Este compartir lo escribo en forma de pinceladas, de imágenes, que qu...

El abrazo

El abrazo ¡Impuro, impuro, impuro...! Eran los gritos que alejaban a la gente,  para que no se contaminara con mi lepra ,  con mis pecados, o los de mis padres,  marcados en mi piel.  Pero hubo un hombre, un joven maestro,  que ignoró mis gritos, y confiado se acercó,  y me abrazó como un hermano, y me miró con amor.  Y brotó, de lo más hondo de mi corazón,  una súplica, como si fuera a mi Dios,  -algunos decían, en efecto, que ese joven maestro,  llamado Jesús, era un profeta enviado por Dios-.   -Si quieres, le dije, puedes curarme... Y él, con decisión, dijo:  - Quiero, imponiendo sobre mí sus manos,  con los ojos dirigidos al cielo, hacia su Padre.  Y luego, mirándome de nuevo, cuando yo ya sentía mi cuerpo renacer, dijo:  - ¡Tu fe te ha salvado! Fui entonces a lavarme,  y a cumplir los deberes rituales,  como Él dijo que hiciera,  y volví a mi madre y mis hermanos,   a la vida q...

Mis amigos santos

Mis amigos santos Mis amigos santos, siempre me acompañan, aunque ya no lo sienta, aunque yo lo olvide, con cálido temple ellos no me olvidan, con fiel ternura, que a mi amargor despide.    Mis amigos santos en mi corazón  permanecen y yo también en el de ellos,  son mis hermanos, familiares destellos,  de un mismo Padre, fuente de bendición.  Mis amigos santos, ya viven en Cristo, su vida es puro don, para sus hermanos,  para mí, que aún en los males insisto, en las medias tintas de caminos vanos, que al amor liberador aún resisto,  y a la dulce gesta de abrazos lozanos.