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Baobabs


Baobabs

Preocupado estabas por ese trabajo
simple y sin brillo de arrancar raíces,
aquellas que poco a poco del trigo se distinguen
revelando su esencia de fiera cizaña.

No es tu talante el del moralista
pero insistías en este asunto por la urgencia,
por recordar a aquel hombre que perdió su planeta
al ser devorado por enormes baobabs.

Dejó pasar el tiempo, descuidó aquel trabajo
que solo él podía llevar a cabo,
aburrido y fácil, que por sí solo es nada
pero que, de faltar,
nada conservarse puede.

Cada uno debe cuidar su propio planeta,
ese terreno que le ha sido confiado
en una esquina del universo
para ver la puesta del sol
—remedio a toda tristeza—
cuantas veces necesario sea,
para tener adonde volver
después de visitar, inquieto,
la tierra lejana de otros planetas.


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