Capilla
En San Luis de los Franceses hay una capilla
que solía visitar en mis paseos por Roma,
con tres grandes pinturas de Caravaggio
retratando la saga del santo publicano:
A la izquierda, el resplandor del llamado
de una luz que es el mismo Cristo,
que ilumina el rostro de Mateo
y de un dedo que lo señala preciso:
«Ven y sígueme».
Al centro, la redacción del Evangelio,
que nos ha dejado tantos hechos y palabras
del Divino Maestro;
Finalmente, a la derecha, el martirio,
el destino de los que todo lo dejaron
para recibir el ciento por uno,
para ser conformados al Cristo
que tanto amaron y hasta el fin siguieron.
Luego de un rato salgo del templo
imaginando mi personal capilla:
la sorpresa por esa cálida luz vespertina
que un día mi rostro también iluminó;
el Evangelio que aún a tientas escribo,
esperando un día, también como Mateo,
completar la carrera y alcanzar la meta
del abrazo eterno con Cristo amigo.

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