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Disminuye


Disminuye

Imperativo es que yo disminuya,
que me retire a la quieta soledad,
que de esta trampa vil mi corazón huya
para volver fresco en paz y libertad.

Que disminuya ante Cristo como Juan,
que mi hombre viejo fenezca y nazca el nuevo,
dejando de una vez el mundano afán,
como un pollito la cáscara de huevo.

Refresca mi frente, Padre, con tu paz.
Sin ti yo soy nada y me cuesta respirar
sin tu amor que me sostiene al caminar.

Retira el vinagre, la injuria falaz;
dame la miel para gentil abrazar
al hermano que Tú me has querido dar.


Comentario: 

En este poema hay una referencia a un bello pasaje de la Spe Salvi, de Benedicto XVI, que habla de la oración como un espacio de purificación de las propias pasiones que vuelve al hombre apto para Dios y sus hermanos. 

"Agustín se refiere a san Pablo, el cual dice de sí mismo que vive lanzado hacia lo que está por delante (cf. Flp 3,13). Después usa una imagen muy bella para describir este proceso de ensanchamiento y preparación del corazón humano. « Imagínate que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? » El vaso, es decir el corazón, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es doloroso, pero sólo así se logra la capacitación para lo que estamos destinados[26]. Aunque Agustín habla directamente sólo de la receptividad para con Dios, se ve claramente que con este esfuerzo por liberarse del vinagre y de su sabor, el hombre no sólo se hace libre para Dios, sino que se abre también a los demás" (Spe salvi, 33). 


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