Ir al contenido principal

Zacarias



Zacarias


Saíste mudo do Templo e comovido, 

e bem intuíram os que te esperavam 

uma visão, daquelas que não abundavam... 

Mas no coração guardaste o anúncio ouvido.


Guardaste também a imagem de Gabriel posto de pé, 

à direita do altar do incenso, 

e a pena pela falta de um pronto assenso, 

da acolhida livre e da resposta fiel.


Mas aceitaste dócil a penitência 

vendo se cumprir a divina promessa 

de ter um filho na humana decadência.


E nos teus braços a criança indefesa 

do Benedictus pôde ouvir a cadência, 

antes que o Sol luminoso resplandeça.


 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Diario de un misionero: misión en Maués

Una invitación inesperada Hace unos meses un amigo me invitó a participar en un viaje de misiones en la Amazonía brasileña, junto con un grupo de casi treinta jóvenes, entre americanos y brasileños. El destino era la ciudad de Maués, en concreto varias comunidades urbanas y rurales, pertenecientes a las Parroquias de Nossa Senhora da Assunção y São Pedro, de la Diócesis de Parintins.  Luego de pensarlo algunos días, acepté la invitación de mi amigo, y recién ayer estoy de vuelta en casa, después de quince días en una región de Brasil que desconocía, y que me ha encantado, no solo por su belleza natural, sino sobretodo por la acogida y calor humano de sus habitantes. Tanto en las actividades de formación organizadas en las comunidades, como en las visitas a las casas, en el comparetir con simplicidad nuestra Fe y en los juegos con los niños y jóvenes, he podido sentir en carne propia esa acogida y ese calor.  Este compartir lo escribo en forma de pinceladas, de imágenes, que qu...

El abrazo

El abrazo ¡Impuro, impuro, impuro...! Eran los gritos que alejaban a la gente,  para que no se contaminara con mi lepra ,  con mis pecados, o los de mis padres,  marcados en mi piel.  Pero hubo un hombre, un joven maestro,  que ignoró mis gritos, y confiado se acercó,  y me abrazó como un hermano, y me miró con amor.  Y brotó, de lo más hondo de mi corazón,  una súplica, como si fuera a mi Dios,  -algunos decían, en efecto, que ese joven maestro,  llamado Jesús, era un profeta enviado por Dios-.   -Si quieres, le dije, puedes curarme... Y él, con decisión, dijo:  - Quiero, imponiendo sobre mí sus manos,  con los ojos dirigidos al cielo, hacia su Padre.  Y luego, mirándome de nuevo, cuando yo ya sentía mi cuerpo renacer, dijo:  - ¡Tu fe te ha salvado! Fui entonces a lavarme,  y a cumplir los deberes rituales,  como Él dijo que hiciera,  y volví a mi madre y mis hermanos,   a la vida q...

Mis amigos santos

Mis amigos santos Mis amigos santos, siempre me acompañan, aunque ya no lo sienta, aunque yo lo olvide, con cálido temple ellos no me olvidan, con fiel ternura, que a mi amargor despide.    Mis amigos santos en mi corazón  permanecen y yo también en el de ellos,  son mis hermanos, familiares destellos,  de un mismo Padre, fuente de bendición.  Mis amigos santos, ya viven en Cristo, su vida es puro don, para sus hermanos,  para mí, que aún en los males insisto, en las medias tintas de caminos vanos, que al amor liberador aún resisto,  y a la dulce gesta de abrazos lozanos.