Palabra y voz
Yo soy la voz del que grita en el desierto:
preparad caminos, allanad senderos,
y que el corazón se mantenga despierto
para acoger la Luz que ilumina luceros.
Yo soy la voz y él la sonora Palabra
que penetra, como espada de dos filos,
hasta lo más escondido para que se abra
del tejido interior, con sus finos hilos.
Después de que lo bauticé, ¡ay de mí!
Crece su obra mientras yo disminuyo,
y toda justicia se cumple en fin así.
Me desafía con sus modos e intuyo
que su elogio, que aquí en cárcel recibí,
anuncia la hora cruenta que no rehuyo.
* Bautismo de Jesucristo, por Piero della Francesca, c. 1448-1450

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