Elegía salmódica
Nos pidieron tocar un canto de fiesta,
cuando era solo pena lo que nos nacía,
y gran nostalgia de la divina gesta,
hodierna y lejana, en la mañana fría.
Muy cerca al río, al arrullo de las aguas,
nuestra flautas silbaron un salmo triste,
suplicando que al enemigo mostraras,
tu fuerza así como a nosotros lo hiciste.
No fueron los artífices nuestros músculos,
de las magníficas victorias pasadas,
sino tu amor, que no conoce crepúsculos,
Que permite al cojo dar grandes zancadas,
y hace mártires a los que eran homúnculos,
dóciles ovejas a las descarriadas.

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