José
Natán el Profeta, a David ha anunciado,
que su estirpe real eterna sería,
que un hijo de sus entrañas esperado,
en el trono de Israel se sentaría.
Duerme el buen José, el justo, el carpintero,
y en sueños el Padre absuelve sus angustias,
corre a María, resuelto y mañanero,
para finar la espera y las tardes mustias.
"Seré tu Custodio y del bendito fruto.
que el Espíritu formó en tu puro seno:
Jesús, pues salva Dios hasta al más adusto".
"Será mi Casa entonces la del Dios bueno,
a quien seguimos también, a pie enjuto,
como hizo Israel, hacia un pasto sereno".
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