Hola amigos, en este Viernes de la segunda semana de la Cuaresma les comparto un Soneto que escribí, a partir de una meditación de las Lecturas del Domingo pasado.
Tabor
Los animales que Abrán había dispuesto,
partidos en dos, como Dios ordenaba,
yacen inertes, cuando el día se acaba,
y los buitres asechan al hombre honesto.
Es el fuego de Dios el que pasa al medio,
sellando una alianza con el hombre frágil.
La mirada triste recibe un remedio,
y a las estrellas se alza, confiante y ágil.
La misma llama se encendió en el Tabor,
cuando Jesús, transfigurado, decide,
marchar en Éxodo de valiente amor.
La dulce Palabra del Padre recibe:
Moisés y Elías, flanqueando a su Señor,
y la Voz que en la nube, escucharlo pide.
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